One Week of Reconnection in Colombia

Sunset in Medellín

Sunset in Medellín

When I moved to the States, leaving everything that defined me, I never shed a tear for my home country. I have no idea why. Maybe I was too young to comprehend the extent of what was happening. This time, for the very first time, I left Colombia with a broken heart. On the last day of my trip, I lay down on my aunt’s bed and I replayed the moments of my vacation. The smiles, the hugs, the silly laughs and the words of love. The reconnection.

“We missed you.”
My cousin Laura and Manuela 

My cousin Laura and Manuela 

My plan for this trip was simply to spend every moment with my dad since I hadn't seen him in so long. But life always manages to change plans as it sees fit, and while my dad was busy with some unexpected work, I was left with free time to explore and visit with friends who I have not seen in over a decade.

Every time I have come “home” since I moved to the states I’ve felt like a foreigner, as if I don't belong there anymore. The way people dress, how they speak to each other with such a familiarity. I am not used to that anymore. 

I arrived very late Wednesday night and the next day I woke up to get ready as I normally would: I put on some yoga pants, a tank top and running shoes. However, my cousin stopped me right before we left for the mall and told me to change. "Put on something nice and dressy and do your makeup! People here don't go out in workout clothes unless they are actually going to workout.” I almost never wear makeup (too lazy to take it off at night) but from that point on, I wore makeup every single day of my trip.

The view from the my family's country house in San Jerónimo, Antioquia. 

The view from the my family's country house in San Jerónimo, Antioquia. 

I used to travel to Colombia often but it’s been almost two years since I’ve visited and this time was such a different experience. One would think the length of time between visits would only further exacerbate my detachment, but instead it was the opposite. It was so unexpected. I felt so proud of where I came from and it felt like coming back to me, to my core and to my very own essence.

I began to explore the reason why I felt so detached from my homeland. I left when I was fifteen and I had to fit into a whole new culture, and my way to belong to my new home was to stop being Colombian and adapt. 

Adjusting to a life in the States was harder than I like to admit. “I am Daniela” was the extent of my English knowledge. But it was not just the language barrier, it was the culture. On my first day of school, I was late because I couldn’t find my classroom and when the teacher opened the door I said those three English words I knew, and before she closed the door in my face she gave me a piece of paper and sent me to detention. Of course I had no clue what had just happened so I began walking around, staring at the paper until another teacher found me and showed me the way. Things were like that at the beginning, a circle of misunderstandings leading nowhere. I’ve spent all these years trying so hard to fit in and belong here that I have unconsciously deprived myself of pride in where I come from.

One night while sipping on delicious sangrias in a beautiful restaurant, I had a long conversation with a friend of mine who I have known since I was ten years old. We discussed how we have grown up to encounter such different challenges and how they have shaped us to become the person we are today. She shared with me some of her family and work hardships and I told her how some days my life makes total sense and some days it’s clear I have no idea what I am doing. It wasn’t so much what we talked about but the way it all made me feel. It was like time hadn't gone by. It was liberating because she used to know me so well and by talking to her I can see how much I have changed, and at the same time I realized how much I am still the same person.

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When I go to Colombia I always leave grateful and filled with love. This time around I am feeling so much more. I am in a place where I can drop some of the walls I have built throughout the years and truly reconnect to this land and allow it to remind me who I am and where I come from.

 

Una Semana de Reencuentro en Colombia

Cuando me mudé a los Estados Unidos, dejando todo lo que me definia, nunca derramé una lágrima por mi país de origen. No tengo ni idea del porqué. Tal vez yo era demasiado joven para comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo. Esta vez, por primera vez, me fuí de Colombia con el corazón roto. El último día de mi viaje, me acosté en la cama de mi tía a recordar los momentos de mis vacaciones. Las sonrisas, los abrazos, las risas tontas y las palabras de amor. La reconexión.

"Te extrañamos."

Mi plan para este viaje era simplemente pasar cada momento con mi papá luego que no lo había visto en mucho tiempo. Pero la vida siempre se las arregla para cambiar los planes como cree conveniente, y mientras mi papá estaba ocupado con trabajo inesperado, me quedé con tiempo libre para explorar y ver amigos que no habia visto en más de una década.

Llegué a Medellín muy tarde el miércoles en la noche y al día siguiente me desperté y me arregle como lo haría normalmente: Me puse unos pantalones de yoga, una camiseta y zapatos de correr. Sin embargo, mi prima me detuvo justo antes de irnos al centro comercial y me dijo que me cambiara. "Póngase algo bonito y elegante y maquillesé. La gente aquí no sale con ropa de hacer ejercicio a menos que realmente van a hacer ejercicio." Casi nunca uso maquillaje (demasiado perezosa para quitármelo por la noche), pero desde ese momento me puse maquillaje todos los días.

Jericó, Antioquia.

Jericó, Antioquia.

Cada vez que he vuelto "a casa" desde que me mudé a los Estados Unidos me he sentido como una extranjera, como si ya no pertenezco allí. La manera en que la gente se viste, cómo se hablan entre sí con tal familiaridad. Ya no estoy acostumbrada a eso.

Solía iajar a Colombia muy a menudo, pero han sido casi dos años desde que he visitado y esta vez fue una experiencia diferente. Uno pensaría que el tiempo transcurrido entre las visitas sólo exacerbaría más mi desapego, pero en cambio es lo contrario. Fue tan inesperado. Me sentí muy orgulloso de donde vengo y me sentí como si volviera a mí, a mi núcleo y a mi propia esencia.

Empecé a explorar la razón por la cual me sentía tan separada de mi patria. Me fui cuando tenía quince años y tuve que encajar en una cultura totalmente nueva, y mi forma de pertenecer a mi nuevo hogar fue dejar de ser colombiana y adaptarme.

Ajustarme a una vida en los Estados Unidos fue más difícil de lo que me gustaría admitir. "Yo soy Daniela" era la extensión de mi conocimiento de inglés. Pero no era sólo la barrera del idioma, sino la cultura. En mi primer día de escuela, llegué tarde porque no pude encontrar mi salon y cuando el profesor abrió la puerta dije esas tres palabras de ingles que yo sabía, y antes de que cerrara la puerta en la cara me dio un pedazo de papel y me envió a detención. Por supuesto que no tenía ni idea de lo que acababa de suceder así que empecé a caminar alrededor, mirando el papel hasta que otro profesor me encontró y me mostró el camino. Las cosas eran así al principio, un círculo de malentendidos que no conducían a ninguna parte. He pasado todos estos años intentando encajar y pertenecer aquí que me he privado inconscientemente del orgullo de donde vengo.

Una noche mientras tomaba deliciosas sangrías en un hermoso restaurante, tuve una larga conversación con una amiga mío que he conocido desde que tenía diez años. Discutimos cómo hemos crecido para enfrentarnos a diferentes desafíos y cómo ellos nos han formado para convertirnos en la persona que somos hoy en día. Ella compartió conmigo algunas de sus dificultades familiares y de trabajo y yo le conte cómo algunos días mi vida tiene sentido y algunos días está claro que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. No fue tanto de lo que hablamos sino la forma en que me hizo sentir. Era como si el tiempo no hubiera pasado. Fue revelador porque ella me solia conocer muy bien y al hablar con ella me pude dar cuenta de lo mucho que he cambiado, y al mismo tiempo darme cuenta de lo mucho que todavía la misma persona.

Cuando voy a Colombia siempre me voy agradecida y llena de amor. Esta vez siento mucho más. Estoy en un lugar donde puedo dejar caer algunas de las paredes que he construido a lo largo de los años y realmente reconectarme a esta tierra y permitir que me recuerde quién soy y de dónde vengo.